El Perú que sorprende: grandeza y desazón

Observadora de Transparencia en las Elecciones Generales 2026
Mariana Rodríguez Risco

 

5:30 a.m.
Reviso mi checklist. Me esperan seis horas en el local asignado —Estacionamiento Petroperú— en mi primer turno como voluntaria de Transparencia.

6:00 a.m. — Entusiasmo
Se abren las puertas. Ingresan los periodistas: Rafael López Aliaga vota en este local. Luego la fila de miembros de mesa y, finalmente, ingresamos los ocho voluntarios con mandil azul y credencial de observadores.

 

7:00 a.m. — Desconcierto
Inicio mi ronda de instalación por alrededor de 50 mesas. Casi todas vacías. Apenas unas pocas personas.

—¿Eres miembro de mesa? pregunto

—No —responde la mayoría—, soy suplente.

En la puerta empieza a formarse una pequeña fila de votantes.

 

8:00 a.m. — Preocupación
En una hora, solo la mitad de las mesas cuenta con tres miembros, en su mayoría suplentes, y recién están en proceso de instalación.

Observo a los instaladores de la ONPE: uno por cada dos mesas. Han pasado la noche en el local, a la intemperie, esperando el material que llegó de madrugada. Con rapidez admirable, distribuyen equipos y materiales en las pocas mesas completas.

 

8:15 a.m. — Tristeza
Se abren las puertas. La mayoría de votantes encuentra mesas incompletas.

—¿Quieres ser miembro de mesa?

Caras largas. Un ambiente cargado de frustración.

Grupos de personas alejados de las mesas, esperando. Algunas mesas, desiertas.

 

9:00 a.m. — Esperanza
En mi tercera ronda pregunto:

—¿Ya están completos?

—¡Sí! ¡Nos estamos instalando!

Muchos no eran miembros titulares: eran suplentes o ciudadanos de la fila.

—¡Bravo! ¡Por el Perú! —les digo.

Aparecen sonrisas, mezcladas con resignación.

En una de las mesas están molestos

—Nos falta uno. Nos queremos ir.

 

10:00 a.m. — Persistencia
Llega poca gente, pero casi todas las mesas logran completarse.

Pregunto por el acta de instalación. No hay respuesta clara: la impresora falla, el sistema no carga. Los miembros no están capacitados y el personal de la ONPE intenta explicarles el proceso y cómo se usa el material.

 

10:30 a.m. — Grandeza
Regreso a cada mesa.

—¿Ya están recibiendo votantes?

—¡Sí!

Ya me reconocen. Bromean:

—¡Somos la mesa ganadora!

Algunos cuentan:

—Decidimos hacerlo manual, la impresora no funcionó.

En la mesa donde faltaba un miembro, convencen a un joven para que se sume. Finalmente acepta. Los aplausos y vivas se escuchan hasta la puerta.

—¡Los felicito! —les digo—. Con ustedes, todas las mesas están completas.

 

11:30 a.m. — Desconcierto
El sol arrecia y el flujo de votantes aumenta.

—No encuentro mi mesa —me dicen.

El padrón de la entrada muestra números de aula que no coinciden.

Descubro la razón: reubicaron una mesa por razones de seguridad de Rafael Lopez Aliaga

También encuentro personal joven de la ONPE orientando a los votantes. Empiezo a derivarlos hacia ellos. Me uno al canto que recorre el local – ¡el número de aula no vale, fijense en el número de su mesa!

 

12:00 p.m. — Orgullo
Mi última ronda.

Antes de que pregunte, me responden:

—¡Hace rato!

Todas las mesas están instaladas.

Envío mi reporte final a Transparencia.

Me invade un profundo sentimiento de orgullo.

 

1:00 p.m. — Desazón
Llego a casa, cansada. Reviso mis chats.

Otros locales sin mesas instaladas. Material que no llega. Ánimos tensos.

El reporte de Transparencia empieza a usarse para interpretaciones erradas.

Se habla de Fraude. De negligencia.

Intervengo: comparto listas de locales que se van abriendo, explico que la instalación puede ser rápida si están los 3 miembros y el material ha llegado, que regresen y voten. 

 

El Perú que sorprende

Viví, por la mañana, una experiencia de grandeza en el local de votación.

Peruanos —votantes, miembros de mesa, policías, personal de la ONPE, voluntarios— haciendo un esfuerzo extraordinario.

Por la tarde, una experiencia de desazón: errores, mala gestión, improvisación y mezquindades.

La grandeza de los peruanos no está en la perfección, sino en la capacidad de dar un paso adelante cuando hace falta. Esta en asumir responsabilidades que no nos corresponden, en organizarnos en medio del caos, en sostener, pese a las fallas del sistema.  

Es una grandeza silenciosa, cotidiana, profundamente peruana. 

Quiero creer que la grandeza de los peruanos prevalecerá.




Mariana Rodriguez Risco


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