El director experimentado: ¿obsoleto o potenciado por la IA?

La inteligencia artificial no reduce el valor de la experiencia. Bien utilizada, puede darle mayor alcance, profundidad y velocidad.


Se habla mucho del riesgo de que las generaciones maduras queden obsoletas frente a profesionales jóvenes que adoptan con mayor rapidez la inteligencia artificial generativa. Yo creo que puede ocurrir exactamente lo contrario.

Un director experimentado tiene una trayectoria personal y profesional larga, una perspectiva amplia y un pensamiento crítico afinado por los desafíos de un entorno incierto, complejo y cambiante. Si aprende a usar bien la inteligencia artificial, puede ampliar significativamente la contribución que solo él —o ella— está en capacidad de hacer.

Esa es, para mí, la verdadera ventaja del director experimentado con IA.

Hoy no cabe duda de que la inteligencia artificial tiene que ser parte de la conversación en el directorio. Los directores debemos asegurarnos de que exista una gobernanza de IA, de que se hayan identificado iniciativas con un enfoque estratégico y de que se analicen los riesgos de su implementación, incluidas las responsabilidades éticas y legales.

Sin embargo, no es razonable esperar que todos los directores entendamos en profundidad cómo integrar la IA al negocio. Me incluyo. Una responsabilidad importante del directorio es asegurarse de que el equipo directivo tenga el talento, las competencias y el sentido de urgencia necesarios para una adopción estratégica, oportuna y responsable.

Pero eso no significa que podamos mantenernos al margen.

Lo más probable es que, como director, ya te hayan recomendado —o incluso inscrito— en algún curso de IA. En la UPC me abrieron el acceso a siete cursos a través de Coursera. Acabo de terminar uno de cuatro semanas, “Introducción a las interacciones con ChatGPT”, de la Universidad de Palermo. Por mi cuenta, también había llevado un curso gratuito de “Introducción a Claude para profesionales”.

Además, muchos directores ya hemos estado “jugando” con alguna herramienta de IA generativa: utilizándola como alternativa a Google, preparando resúmenes de documentos extensos o pidiéndole una primera aproximación a un tema.

Es un buen comienzo, pero necesitamos entender algo fundamental: ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot no son simples buscadores. Son modelos de lenguaje que nos permiten conversar con sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de información, relacionar ideas y generar respuestas en pocos segundos.

No son infalibles. Pueden “alucinar”, equivocarse o reproducir los sesgos de las fuentes con las que fueron entrenados. Tampoco debemos proporcionarles información confidencial sin conocer las condiciones de privacidad y seguridad de la herramienta que estamos utilizando.

Aun así, bien usados, pueden convertirse en una especie de “cerebro adicional” o conjunto de expertos a nuestra disposición: siempre disponibles, versátiles y capaces de ayudarnos a explorar distintas perspectivas.

Pero la calidad del resultado depende de nosotros.

Depende de nuestra experiencia, nuestro pensamiento crítico y nuestra capacidad de comunicación. Las mismas competencias que guían una buena conversación con un experto o con un equipo de expertos humanos.

Quizás esa sea una de las competencias más importantes de la alta dirección: tener las conversaciones correctas, con las personas correctas.

A la conocida frase “la IA no te va a reemplazar; te reemplazará una persona que sepa usarla”, yo le añadiría algo: te reemplazará una persona que sepa usarla, que tenga experiencia, pensamiento crítico y capacidad para comunicarse adecuadamente.

¿Cómo conversar con tu IA generativa? En uno de los cursos aprendí el acrónimo RAFA:

  • ROL: asígnale un rol. Necesitas definir con quién quieres conversar.
  • ACCIÓN: pídele una acción concreta. Explícale exactamente qué necesitas.
  • FORMATO: especifica cómo quieres recibir la respuesta: un resumen, una tabla, preguntas para una reunión, escenarios o recomendaciones.
  • ANTECEDENTES: proporciona el contexto, la historia, el propósito y la información que necesita para responder.

También hay que tener paciencia. Empieza por lo general y avanza hacia lo específico. Cuestiona sus respuestas, pídele que profundice y verifica la información importante. Con el tiempo, puedes darle tareas más complejas y convertirla en un verdadero apoyo para tu rol de director.

Yo, por ejemplo, ya tengo planeadas algunas conversaciones con Claude sobre los casos más exitosos de adopción de IA en los sectores que me interesan. Voy a empezar así:

“Eres un consultor internacional especializado en la adopción estratégica de inteligencia artificial en el sector [indicar el sector], con especial experiencia en Latinoamérica. Soy directora de [empresa] en el Perú y quiero entender qué están haciendo con éxito compañías similares. Identifica tres casos relevantes, explica qué problema buscaron resolver, cómo utilizaron la IA, qué resultados obtuvieron e incluye enlaces a fuentes confiables. Señala también qué aspectos podrían ser aplicables a nuestra realidad”.

Seguramente Claude y yo nos vamos a enfrascar en una conversación muy interesante.

La inteligencia artificial no reduce el valor de la experiencia. Bien utilizada, puede darle mayor alcance, profundidad y velocidad.

Para un director experimentado, la oportunidad está en combinar lo que la IA puede hacer con aquello que solo los años permiten desarrollar: criterio, perspectiva y la capacidad de hacer las preguntas correctas, y así aportar más valor desde el directorio.

“La oportunidad está en combinar lo que la IA puede hacer con aquello que solo los años permiten desarrollar: criterio, perspectiva y la capacidad de hacer las preguntas correctas.”




Mariana Rodriguez Risco


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